Un video explicativo es una pieza corta —normalmente de 60 a 120 segundos— que presenta un producto, servicio o proceso siguiendo una estructura simple: el problema del cliente, cómo lo resuelves y qué beneficio obtiene. Su objetivo no es emocionar ni entretener, sino lograr comprensión rápida que desbloquee el siguiente paso: pedir una demo, registrarse o comprar.
Los explicativos eficaces comparten un esqueleto probado:
La disciplina de dejar fuera todo lo demás es lo que separa un explicativo que convierte de uno que confunde.
Animado (motion graphics): ideal para software, servicios intangibles y conceptos abstractos; fácil de actualizar y de versionar por idioma. Acción real: aporta rostros y confianza; funciona para servicios donde las personas son el producto. Screencast pulido: para productos digitales donde la interfaz es el argumento. Mixto: rodaje con capas gráficas para datos; suele ser el más versátil para B2B técnico, como el trabajo que realizamos para Meteomatics.
El explicativo rinde en la página de inicio o de producto, en el primer correo de una secuencia comercial, en ferias y en campañas de pago. Producirlo profesionalmente toma unas semanas —en Viven entregamos el primer corte en aproximadamente dos—, e incluye guion, diseño, animación o rodaje, locución y versiones en 16:9, 9:16 y 1:1 con subtítulos en EN/DE/ES. El presupuesto depende de la técnica elegida, dentro de rangos de proyecto de CHF 4.000 a 80.000.
Los cuatro clásicos: empezar hablando de la empresa en lugar del problema del espectador; usar jerga interna que el cliente no emplea; enumerar todas las funciones en vez de los tres puntos que deciden la compra; y cerrar con un llamado vago tipo «descubre más» en lugar de una acción concreta. Un test simple antes de producir: si le lees el guion a alguien de tu público objetivo y no puede decirte qué haces y qué debe hacer después, reescríbelo.
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